Efecto Candado

“Lo siento, pero no quiero hacerte un contrato indefinido, te coges las vacaciones que te quedan y ya hablamos para darte los papeles y el finiquito…” Es el caso de muchas personas, que tras un año de trabajo en la empresa y haber encadenado un par de contratos eventuales, finalizan la relación profesional que hasta entonces tenían con la compañía. Un claro ejemplo de la precariedad laboral existente, cargada de inestabilidad.

Verdaderamente, la situación laboral actual es bastante complicada. En plena campaña electoral, independientemente del partido político al que seas afín, hay una preocupación general, cómo reactivar el empleo, y la necesidad de una reforma laboral, que beneficie tanto a empleados, empresarios y emprendedores. Medidas que de verdad nos protejan a todos.

Yo llamo a esto una de las consecuencias del efecto candado. Jefes y empresas que sólo quieren a personas de paso en su organización, que tienen miedo de que sus empleados sepan demasiado, que se encierran en arcaicos métodos de trabajo funcionando como hace 20 años, incapaces de liderar un cambio que les permita resurgir y adaptarse al nuevo panorama social y laboral.

Este efecto candado, es su dispositivo de seguridad. Empresari@s que se caracterizan por: no reconocer el talento de sus trabajadores, no escuchar las nuevas ideas, no actualizar sus recursos, no apostar por las redes sociales, no renovar el sitio web, y no cambiar de estrategia empresarial. Su principal preocupación es que no ganan dinero como en los buenos tiempos, y están viendo menguar el patrimonio conseguido. Achacan la situación actual a la crisis económica y laboral, y al coste que les supone mantener la empresa a flote, por lo que utilizan recortes como única medida para combatir e intentar resistir a las pérdidas y gastos sufridos.

Cuando pones un candado en una puerta bloqueas, cierras e impides la entrada y salida, es la forma más barata para evitar que alguien acceda a esa dependencia privada que quieres proteger. El efecto candado, incita a algunos “jefes” a desestimar que sus trabajadores accedan al núcleo y cultura de la empresa, con organigramas piramidales, donde solo importa “hacer dinero” y donde se impone “hacer caso al jefe”. No quieren cambiar la metodología, ni la estrategia, y esto les conduce a tomar decisiones erróneas.

Efecto candado

Si como jefe no motivo, no implico a los empleados en el proyecto empresarial, no facilito que se identifiquen con la compañía, ni que se haga equipo de trabajo para avanzar. Por lo tanto, mi organización no progresa, baja la productividad, los gastos siguen sumando, y sigo restando recursos. La satisfacción laboral de mis trabajadores desaparece, y el clima de trabajo se hace cada vez más hostil, porque no confío en ellos, me limito a dar órdenes, a exprimir la jornada laboral, a exigir más esfuerzos para obtener resultados inmediatos, a eliminar recompensas, y a recortar en plantilla, provocando miedo y desmotivación. Si hago esto, sólo soy un jefe, incapaz de conseguir éxito empresarial. Con este tipo de acciones, los “jefes” se condenan a no sobrevivir y echar el candado, cerrando definitivamente sus puertas.

Ganar este pulso, y adaptarnos al nuevo mercado laboral es posible. Ver el potencial de tus empleados, visualizar el futuro, realizar cambios estratégicos, son claves para superar el reto, y no anclarse al pasado.

Por suerte podemos aprender a liderar de forma eficaz y sostenible nuestra empresa: focalizando la atención en las personas, haciendo equipo, involucrando a los trabajadores en un proyecto común del que todos sois partícipes, creando un clima de confianza, gestionando los problemas como oportunidades para aprender, estimulando la creatividad y reforzando el talento.

Preocúpate por innovar, transmitir, inspirar, evolucionar, cooperar, hacer crecer a tus empleados y contagiar entusiasmo y determinación, y así no tendrás que echar el candado.

“Llegar juntos es el principio, mantenerse juntos es el progreso, trabajar juntos es el éxito”

(Henry Ford)

CategoryPsicologia
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